Un Cobarde.
Y como mayor acto de cobardía, apague el televisor.
Baje las persianas y deje el caos por fuera.
El seguro en la puerta lo redoble y entre cuatro paredes me sente.
Como renuncia de un cobarde cubri mis oidos
Y el antifaz se convierte en rímel.
Buscando excusas busque palabras, de esas románticas con un toque de nostalgia para contar la historia del que se rindió. Del cobarde que se puede esperar del mundo algo que no existía.
Ni el roció de la mañana ni los rayos del sol ni las oraciones más hermosamente escritas quitarían la verdad de vivir, borrarían el hecho de todos los cobardes ignorados.
Ni aunque lo describiera como la sensación de adrenalina nacida de una guerra ni el acto puro y humano de odiar, pintando el vacio en estómagos como ayunos que purifican el pecado podría ignorar que el mundo es demasiado cruel para un cobarde y demasiado injusto con los valientes.
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