Cena estelar: El chico que dibujaba constelaciones.

    ¿En algún momento os ha pasado que empiezan a leer un libro y genuinamente se les olvida que lo estaban leyendo?

   A mí sí, de forma continua. Y no es algo que me moleste, pero en determinadas ocasiones sí lo hace. Con el libro del que hablaré hoy me pasó. Y años después, cuando lo leí en totalidad sin olvidar que lo estaba leyendo me molesté. Hablemos de El chico que dibujaba constelaciones de Alice Kellen.


   Descripción:

   Esta es una historia de amor, de sueños y de vida.

   La de Valentina. La chica que no sabía que tenía el mundo a sus pies, la que creció y empezó a pensar en imposibles. La que cazaba estrellas, la que anhelaba más, la que tropezó con él. Con Gabriel. El chico que dibujaba constelaciones, el valiente e idealista, el que confió en las palabras «para siempre», y creó los pilares que terminaron sosteniendo el pasado, el ahora, lo que fueron y los recuerdos que se convertirán en polvo.


   Análisis:

   Dejemos de un lado las ganas locas que tengo de fangirlear sobre este libro, y vayamos directamente al grano. Hace como ¿Dos? Años comencé a leerlo —algo que no había recordado hasta que comencé a reconocer ciertos textos y partes de la historia—. Y, por algún motivo que no comprendo, olvidé que lo estaba haciendo, a pesar de que incluso en este momento me acuerdo de mí leyendo en voz alta en la sala de mi casa, en la noche, ciertos diálogos que me parecían preciosos. Pero me distraje al parecer, mi teoría es que después de decirme: Bueno, voy a dejarlo aquí por hoy, continúo mañana, e irme a dormir, de algún modo el sueño y el cansancio que tenía me hicieron olvidarme de eso que hice, cómo cuando hago algo estando más dormida que despierta, que luego no lo recuerdo. Y me molesta.

    Me molesta porque en marzo de este año, después de dos horas leyéndolo desde el principio, después de terminarlo y procesar todo lo que había ocurrido, me entró una sensación de escalofrío, estremecimiento… algo que no provoca cualquier libro.

   Me justifico además convenciéndome a mí misma de que aún no había llegado el momento de leerlo, ese momento indicado que te dice que has agarrado el libro correcto y que no te arrepentirás. También en aquel instante, hace dos años, no sabía apreciar tanto la preciosura que guarda tanta sencillez como lo es este ejemplar, donde cuentan como fue la vida de dos personas que se enamoraron con la certeza de que nunca se separarían. Así que hasta cierto punto también me alegra haberlo leído como si fuera la primera vez este año.


   “De cualquier modo, ese día mi rutina se rompió.

   Los cambios pequeños pueden ser significativos.

   Y más cuando ese cambio fuiste tú, Gabriel.”


   También quiero mencionar que vivo irremediablemente enamorada de Gabriel, quedé flechada con su actitud, su humildad, franqueza, amabilidad, su sensibilidad, sus sentimientos hacia Valentina, su amor hacia sus hijos. Es el tipo de hombre en apariencia normal y, a al mismo tiempo, fuera de este mundo con el que me encantaría cruzarme en algún momento.

   

   “No podía dejar de mirarte. Tiempo después llegué a pensar que fue cosa de magia. Que, aquel día, cuando pasé por tu lado en esa calle, alguien nos lanzó un hilo invisible que nos conectó a los dos y nos mantuvo sujetos con fuerza.

   Porque me despertabas la piel, Gabriel.

   Fuiste eso, un despertar en todos los sentidos.”


   No puedo dejar de mencionar a Valentina, nuestra protagonista y narradora, quien describe los hechos de un modo peculiar, como si le estuviera contando toda la historia el mismísimo Gabriel, algo que para mí tuvo gran carga emocional al finalizar el libro. Y que me impactó significativamente, la verdad.

   Los demás personajes secundarios también son memorables, como el padre y los hijos de Gabriel, se les toma un cariño inmenso, sinceramente.


   “Quise a tu padre como no fui capaz de querer al mío y, aún hoy en día, no me arrepiento de ello. Porque hay amores que no se pueden comprar, de esos en los que no importa la sangre ni lo que las normas sociales te dicten.

   Y tú y yo, Gabriel, no estábamos hechos para seguir ninguna norma.”


   La verdad es que no me arrepiento de haberlo leído. Sin duda es uno de mis favoritos y lo recomendaría sin dudarlo.

   

   "Llegamos a casa agotados, pero con una sonrisa.

   Suspiré satisfecha mientras dibujabas otra estrella. Me senté en la cama, ya con el pijama puesto, y alcé la mirada hacia aquellas constelaciones preciosas que representaban cada paso, cada caída, cada vez que nos habíamos vuelto a levantar. Era la obra de nuestra vida. Puntos y líneas conectadas, una pequeña galaxia que solo nosotros entendíamos."


   Calificación: ★★★★★ (5/5)

-Issy-

Pd: He leído y visto muchas reseñas sobre este libro, y hay personas que dicen que este es el peor libro escrito por Alice Kellen. Yo no puedo asegurarlo porque no he leído otros de la autora, pero jamás me atrevería a decir que este es el peor suyo, porque no cualquier libro te hace sentir vacía y llena al mismo tiempo después de terminarlo.

Pd.2: Me alegra haber empezado mi trayectoria dentro de el mundo de Alice Kellen con El chico que dibujaba constelaciones, porque me daría pena haber comenzado en su universo por otro libro, tener otras expectativas y luego leer este y pensar que es un mal libro comparado con los otros cuando no lo es. Es un libro precioso, sano, y que considero todos deberíamos leer al menos una vez en nuestra caótica existencia.


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